En el mundo de la escalada hay una figura a la que no se le dedica todo el reconocimiento que se debería: las Mari Grigris.
Qué es una Mari Grigri se preguntaran algunos. Ni más ni menos que una novia entregada por completo al noble arte de asegurar a su churri mientras él se hace una vía tras vía. Domina como nadie la técnica de dar cuerda, recoger en momentos de apuro, dinamizar en caída, etc. y todo mientras da ánimos a su media naranja desde el suelo a grito pelado cuando se necesita o calla pacientemente en ese paso que tanta concentración requiere.
Mozas entregadas que a pesar de que no tienen el más mínimo interés por escalar están ahí al pie del cañón por su macho y aguantan que las estén mareando de pared en pared.
Se suelen reconocer por llevar una vestimenta muy poco apta para escalar, unos bonitos shorts quizás o unas uñas largas de laca estupenda que si escalaran no les duraría ni medio segundo (lo sé por que por mucho que lo intente a mi la manicura no me dura una mierda cuando escalo). El grillo es su mejor amigo y van complementadas con un bonito gorro pa las horas que les esperan bajo el sol mientras aseguran. Como son apañadas como ellas solas puede que también se tengan que ocupar del perro mientras están al pie del cañón de la vida del maromo.
También suelen tener unos pies de gatos nuevecitos por que rara vez los usan más allá de probar algún quinto de segundas, normalmente estos pies de gato se los han comprado los churris en un inútil intento por arrastrarlas a escalar (como si por comprarle yo a mi novio unas bragas se fuera a cambiar de sexo vamos).
Pues un reconocimiento desde aquí a estas chavalas que olé ahi sus ovarios de estar aguantando bajo el sol o el frío a pesar de no tener el más mínimo interés por escalar por estar al lado de su mozo.

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